PerpetuoLa Bóveda
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Alegoría en sueños

Angelo Chacón Sequeira2026

Por clasificar
16Alegoría en sueños

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Alegoría en sueños

Autor
Angelo Chacón Sequeira
Sección
Por clasificar
Publicado
1 de enero de 2026
Lectura
3 min

«No se descubría signo alguno de prometida liberación; lo que todos los demás habían encontrado en la máquina, el oficial no lo encontró; los labios estaban casi apretados, los ojos abiertos parecían estar vivos, la mirada era tranquila y convencida.» —Franz Kafka, En la colonia penitenciaria

«Me impuse no escribirles ninguna carta más. He fracasado rotundamente.» —Tobías Pernath

A F.F.

En aquella noche, en aquella noche infame—Marte en el cielo blandía su fiera lanzay el magno Plutón bañaba en sangreel disco de plata creciente—soñé con tu rostro azotado por el odio,el devenir de los años, la gloria marchitay la alquimia maldita del amor no encontradotransmutado en la piedra de la locura.Rodeado de cuadros de tu yo infante—imágenes que jamás he visto—encadenado me encontrabaen una máquina de tortura marcial:férreos y herrumbrados clavosacariciaban mi espalda. Con un sutilaccionar de palanca, atravesarían mi cuerpoa través de la garganta, los sesos, la tráquea,los brazos, los muslos, la espalda.Tus ojos fijos en los míos, astros brillantescomo Ishtar. Tu mano en el mecanismo.«El ego: escudo protector, flecha de Heracles.Ruindad: túnica de Nemea, sublimación aciaga.Me has acusado de […] Pero tú tambiéneres culpable. Mira en mi pálido rostroel reflejo de lo que has hecho y de lo que has sido.El reflejo grita: "yo te condeno"», y esto dijemientras tus ojos estaban fijos en los míos, astros lóbregos,estrellas de corrupción y muerte.La sombra primigenia aparecióde entre su corte de putrefacción y dijo:«Los condeno a ambos». E irguieron unasegunda máquina de tortura frente a la mía,y en lo alto de ella había una placa donde se leía:«Eres lo que no deseas ver».Encadenada dijiste: «En lo alto de tu máquina se lee:"eres lo que no deseas ver"».La sombra primigenia, con una manoen cada mecanismo, cantó divino el Dies Irae;y gritó con una voz ultraterrena que ascendíade los abismos últimos —en su tono distinguíla voz de aquella niña que en mi regazo murió,distinguí tu voz, distinguí mi voz—y accionó el mecanismo; tus ojos en los míos,postreros respiros. Y he aquí que lo que pasabaen un cuerpo pasaba en el otro:los clavos bajaron, barrenando la nívea piel,capa a capa, hasta los lánguidos músculos,en una agitación atroz, espetando los órganos.Hasta que de la espalda hasta mi pechoun clavo se asomó, y lo mismo en tu cuerpo.La funérea sombra arrancó nuestros cuerposde las máquinas y nos arrojó a un vertederode podredumbre, para ser alimento carroñero.Un perro infernal llamado «Ego-Ceguera»se alimentó de nuestra carne.Los otros cadáveres que allí se encontrabanno eran más que innumerables repeticionesde tu rostro, innumerables repeticionesde mi rostro. Con voz estertosa,entre sanguinolenta saliva susurrasteen mi oído: «no eres nadie en mi mente.Te irás y todo seguirá igual en mi mente,morirás y todo seguirá igual en mi mente.Todo lo que has hecho ha sido vano,soy así y tú eres vano,esto es vano. Te olvidaré».Morí, pero aun muerto mis ojos lloraban,hasta que la bestia me arrebató la luz mortuoriay solo tuve dos cuencas cual lagos de sangre.Entonces muerto pronuncié la palabra«amistad», y yací así, cubierto día tras díapor una montaña de cadáveres tuyos y míos.En aquella noche, en aquella noche infame—Marte en el cielo blandía su fiera lanzay el magno Plutón bañaba en sangreel disco de plata creciente—esto soñé.

(Al despertar, en mi paladar estaba la palabra«amistad». Al despertar, en mi paladar estabaun sabor de sangre y herrumbre.Al despertar, hubo silencio, y el día fue silencio.Y dudé en buscarte. «Fui, soy y seré olvido» pensé.En el espejo encontré tu rostro y no el mío.Y desperté de nuevo. Sueño dentro de un sueño.)